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Este libro comienza con una pequeña mentira de tapa : se informa que tiene dos
autores. En realidad el autor es uno solo, un tal Vito
Dumas, que sigue dando vueltas por ahí.
Esta obra no es una novela, son simplemente testimonios de unos pocos memoriosos
que han tenido la osadía de navegar contra viento y marea durante décadas,
atesorando en sus memorias lo que otros, los más, despreciaron por haber elegido
la sordera, la mudez y la ceguera.
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Cervantes pone en boca de Don Quijote que ... "cada cual es hijo de sus
obras" por eso Roberto Alonso y Ricardo Cufré en esta notable biografía de Vito
Dumas, rastrearon a fondo en el recuerdo de los muchos escenarios que vieron a
Dumas, e interrogaron a los que de un modo u otro lo conocieron.
Entre ellos me encuentro, acumulando años y recuerdos.
En 1923 Dumas profesor de natación, asombró a la afición con sus raids en el Río
Paraná y en el Río de la Plata. En una pileta de la Capital Federal, se lanza de
cabeza con un muy bajo nivel de agua y se parte el hueso frontal en un dramático
accidente.
Quedará indeleblemente marcado con espectacular cicatriz, pero estos episodios
dejan muchas veces cicatrices en el alma.
En medio del Atlántico, en 1942, Vito abre una lata de galletas y se sorprende
con una carta cubriendo el contenido. Es de Inocencio, el modesto almacenero que
ha contribuido con su trabajo, su tiempo y seguramente algo mas, en la provisión
del barco. Es un saludo que lo alcanza en plena travesía, lejos de la partida.
Vito se emociona, se llena de lágrimas en medio de su inmensa soledad.
En su recalada en Valparaíso, lo rodeamos un pequeño grupo de argentinos que
convivimos en el mismo hotel y tuvimos el privilegio de concurrir a varios de
los extraordinarios agasajos que los
chilenos le ofrecieron.
La comida que le ofreció la Armada Chilena, con mas de
un centenar de invitados y su cabecera de altas personalidades, escuchó los
discursos de los que ofrecían el homenaje y luego el agradecimiento de Dumas. A
pedido de algunos de los presentes, aceptó contestar algunas preguntas :
¿Cuál fue el momento más emocionante del viaje?
Cuando todos esperábamos la descripción de un temporal con las furias desatadas
de la Naturaleza, Vito describió una calma chicha que duró cuatro días, al sur
de Tasmania ...
"Donde todo el horizonte estaba cerrado de negros nubarrones ... el mar de
aceite ... había entrado en el reino de la muerte, en el mundo del silencio.
Entonces me sentí solo y abandonado. Tuve miedo ..."
Termino su patética descripción comparando esos momentos con una tempestad, "...
donde hay vida porque hay lucha."
Un aplauso clamoroso selló sus mágicas palabras.
Una noche estrellada, el pequeño grupo que lo acompañábamos, salimos a caminar
por los barrios altos de Valparaíso y el hechizo de la noche, la presencia de
Dumas que nos trasmitía de la soledad en el océano infinito, culminó con un Ave
María cantada por Vito, con su timbrada voz y su oído perfecto.
Fue un momento de emoción indescriptible que nos conmovió al enterarnos que,
acurrucado en el cockpit del L.E.H.G. II, tapado con un encerado, en pleno
temporal de su derrotero alucinante, era ese el canto que subía al cielo, como
una plegaria, en la soledad más absoluta de un ser atormentado.
Siempre vivió en resonancia con los avatares de una vida inconformista; sus
sueños despertaban con una prosaica realidad y otros nuevos sueños llenaban su
espíritu, siempre en busca de algo que estaba mas allá del horizonte.
¿Cómo era Vito Dumas?
Un apasionado, un emotivo, un ególatra, un ser capaz de amar, y a veces de
olvidar. Soñó la paz, la tranquilidad y su vida fue una lucha con la muerte y
contra la maledicencia vil de los espíritus inferiores.
No fue feliz, ni fue capaz de sembrar felicidad.
Como dijo Oscar Wilde:
"... todos matamos lo que queremos. Unos con un puñal, unos con una palabra,
unos con una mirada, pero todos matamos lo que queremos."
Fue un ejemplo de voluntad, y esa es la herencia que nos dejó a los navegantes.
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El presente libro pretende reivindicar definitivamente a este personaje
deportivo mundano.
Esta falta de neutralidad histórica con que se trato a Dumas, imposibilitó su
proyección heroica hacia las nuevas generaciones, con la misma fuerza con que en
su tiempo nuestra gente le reconoció sus hazañas.
Reviviremos para ello, la vida de un hombre con defectos y virtudes, en un viaje
por los caminos de un pasado en que, desafiando a la naturaleza en el límite de
lo posible, destacó su inclaudicable voluntad de superación física y espiritual.
Por esta sola virtud, merece la permanencia en el recuerdo de las jóvenes
generaciones. Sin saberlo, ellas fueron las destinarías permanentes de sus
hazañas náuticas, con las que Vito intentó inundarles el alma con la inspiración
y el estímulo necesarios para poder vencer sus propios desafíos.
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Hemos intentado construir, letra a letra, esta muralla contra la mentira y
la amnesia. Si la trayectoria náutica y la memoria de Vito son revaloradas por
quienquiera que haya leído este libro, entonces nuestro esfuerzo y el aporte de
quienes nos acompañaron no sólo estarán reconocidos en demasía sino que, además,
se nos habrá permitido realizar la más noble y gratificante de las tareas
humanas : hacer justifica.
"Este libro es un homenaje a los navegantes
cuyas singladuras son compartidas entre dos :
... el barco y su capitán."
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Hace mucho tiempo que comenzó la desfiguración o invención del pasado
remoto. Aprovechando la increíble ignorancia histórica de nuestros
contemporáneos, floreció en los últimos decenios una serie de cuentos o
ficciones, cuya finalidad fue despojar al hombre de sus raíces, e introducir la
falsedad en el subsuelo de la vida por medio de la mutación histórica.
De esta deformación de la historia reciente, que la gran mayoría no vive como
tal y que además deja un sedimento cotidiano que a fuerza de su acumulación
deviene sólida verdad, fue victima Vito Dumas.
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Aquí nos rendiremos ante las evidencias, que expondremos algunas
conclusiones, que serán enfrentadas a la gran fábula que trató de empañar
desfigurando al hombre, y con ello, a las raíces de la más grande epopeya
náutica individual conocida, patrimonio mundial y nacional. Moneda que no
abunda.
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y 22
En el Buenos Aires de 1900 los shoppings eran diferentes a los actuales.
Como los trainways, estaban tirados por caballos, no por vanidades.
El panadero, el hielero, el ollero, el lechero, el pescador y toda una gama de
soluciones domésticas en carros, matinal shoppings ambulante, transformaban a
las amas de casa en verdaderos gerentes de compras.
Los domicilios familiares no eran sólo eso, también cumplían otras funciones.
¡Cuántos empleados y dueños de comercio iban a almorzar a
lo de alguna Doña Sara que, para hacerse unos pesos, todos los medios días
hábiles recibía algunos comensales en su casa!
Esas Doñas no tenían tarjetas de crédito.
Los veintiséis abundantes almuerzos de buena comida casera se cobraban
religiosamente los primeros días del mes siguiente.
Nadie las bicicleteaba, y si alguien estaba falto de dinero, simplemente lo
hablaba con la Doña y tenía acordado instantáneamente su crédito gastronómico
durante el tiempo necesario.
La palabra oficiaba de suficiente aval, y la condena por no cumplir era terrible
: Que se supera en el barrio ....
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En la amplia casa de la Avenida Santa Fe 3071 se encuentra un matrimonio
ante la inminencia.
El es italiano como sus padres : todos oriundos de la Ciudad de Ferrara, en la
Emilia Romagna; y tiene treinta y ocho años. Ella, argentina como los suyos y a
punto de dar a luz en cualquier momento; escasos diecisiete.
La reciente primavera estrena una nueva mañana y son las 10 y 40 hs. del último
26 de setiembre del siglo pasado.
En esa casona palermitana, devenida maternidad como era la costumbre, había
ansiedad, oración y quejidos de dolor.
Exactamente cinco minutos después, la ansiedad fue certeza, la oración
agradecimiento y los quejidos de alegría.
El matrimonio de Victorio Dumas y Vicenta Grillo tenía su primer hijo.
Don Vittorio, en un vano e itálico intento de querer alargar su propia vida,
llamó Vito al recién nacido ...
Por imperio del destino, esa criatura cumpliría entre otras, la más estupenda de
las tareas: Pasear, por todos los mares del mundo en pequeños veleros y
navegando en solitario, el pabellón de la patria que lo cobija.
Sería ese niño, el asta de la bandera que flamearía en las procelosas aguas de
remotas regiones, teniendo a Dios y a las estrellas por
testigos y, ocasionalmente, a algún buque de ultramar que, admirando a ese único
tripulante, lo saludará arriando su pabellón en homenaje
al del azul y blanco del minúsculo velero ...
Desde pequeño Vito fue soñador, imaginativo, audaz.
Su vocación por los deportes se insinuó bien pronto. El agua, la pelota, los
barquitos, los guantecitos de box, le atraían poderosamente.
Las revistas, los libros, las láminas en que figuraban personajes de aventuras,
constituían la mejor recreación para su espíritu inquieto.
De cada una de esas actividades que gustó desde niño, años después devendría
gran figura.
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A los quince años, son los deportes de agua los que atraen más la atención
de Dumas : la natación en las variantes de pileta y aguas
abiertas, y el yachting.
Sus comienzos como boxeador en el Almagro Boxing Club, no lo habían ilusionado
tanto. El balance entre dar y recibir resultó desfavorable, nos cuenta su amigo
y médico personal, el Dr. Enrique Gualdero Páramo, recordando relatos del propio
Vito.
Para las prácticas de waterpolo y natación en pileta, utilizó las instalaciones
de la Y.M.C.A. donde el tano Tiraboschi ya ejercía como profesor. Como ya era
habitual en todos sus proyectos, Vito arremetió con furor en la natación. Hubo
dos razones para que el propio Tiraboschi lo llevara a G.E.B.A.. El
perfeccionamiento de su estilo, y su inclusión al más alto nivel de la natación
nacional, que se encontraba en esa institución. Años después, Vito Dumas sería
el segundo instructor de natación en ese club.
El ídolo en la especialidad era Tiraboschi, quien llegado de su Italia natal,
arrastraba la fama de imbatible.
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Verano de 1916. Un amigo llamado Olivera lo invita a navegar en alguno de
los Collens que tenía el Tigre Sailing Club.
Sin duda era uno de los nueve que esa institución tenía para solaz de sus
asociados : Pearl, Beryl, Esmerald, Ruby, Jasper, Topaz, Diamond, Onix y
Sapphier, todos pintados de distinto color.
A los 63 años, Vito mismo diría ...
"... aquel día descubrí que podía refugiarme conmigo mismo, y tener un gran
alivio mental".
Quedo prendado para siempre de el la inmensidad del río.
Decidió que tenía que aprender a navegar, hacerse socio de un club náutico. Veía
la posibilidad de matar dos pájaros de un tiro: perfeccionar su entrenamiento de
natación en aguas abiertas y conseguir el equipo necesario para permanecer
largas horas en el río, los botes.
Ese fue el camino que llevó a Dumas al yachting, como él mismo confesara años
después.
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Para cuando Vito cursaba el segundo año de la escuela secundaria, la
economía de su familia está muy deteriorada. En cierta oportunidad se
da cuenta que sólo había dinero para que él y su hermano menor
pudieran desayunar. Entonces decide abandonar los estudios y ponerse
a trabajar.
Es una decisión personal, e inconsulta.
Obviamente sus padres se percatan de su deserción escolar y de sus
changas, pero no le dicen nada.
Recibe las burlas de algunos de sus amigos, que no hacen mella en su
determinación. Cuando puede, entrega en su casa los pocos pesos que
puchereaba.
Es por aquel entonces que Vito toma otra decisión, ingresa a los
cursos nocturnos de la Escuela de Bellas Artes. Tenía catorce años, y
la pintura fue la pasión que ocupó más años de su vida.
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Vito había encontrado un lugar dónde conjugar sus deportes
predilectos ... "Mamá, ya encontré el club donde puedo aprender a
navegar y entrenarme en natación. Está acá cerca, en los bajos de
Belgrano. Es el Náutico Belgrano. Tienen barcos para que los
asociados puedan practicar"
En ese club, realiza un somero aprendizaje de los rudimentos
náuticos, allá por 1921. Luego de bastante tiempo de navegar
extraoficialmente, se asocia el 16 de octubre de 1924.
Este C.N. Belgrano poseía por aquel entonces una pequeña y
heterogénea flota de veleros, que se hallaba a disposición de los
socios. Según el reglamento interno, el socio habilitado a sacar una
embarcación podía disponer de ella por el lapso de una hora. Esto
muestra lo restringido de las posibilidades de navegar, en la
intención de contemporizarlas con los intereses de los socios. Vito
hacía caso omiso de este detalle. Esta conducta traería algunos
problemas, como ya revemos.
Uno de los veleros que formaba parte de dicha flota, era el Cat
Chubut. En los primeros años de vida del club, dicho barco fue
utilizado repetidamente por otro gran audaz de nuestra historia
deportiva : Jorge Newbery.
Dumas aún no estaba dedicado a la vela con exclusividad. Ello sería
varios años después. Por estos años, nadaba mucho mas de lo que
navegaba. De hecho, el 21 de febrero de 1921, realizó su primer raid
de largo aliento : Tigre / Rivadavia, 26 kilómetros en 8 hs.
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Corría el año 1907 cuando Jorge Newbery decide invitar a un amigo
suyo, el acaudalado Aarón de Anchorena, a volar en globo.
El día se presentaba espléndido y la brisa los haría cruzar el Río de
La Plata sin mayores complicaciones.
Ya casi sobre la costa uruguaya, desde la barquilla – la misma en que
no mucho más tarde, en 1908, el hermano de Jorge, Eduardo, se elevara
para siempre – Don Aarón se enamora de estas tierras que está viendo
en la margen sur del Río San Juan.
Decide adquirirlas y realizar allí un gigantesco parque donde
albergar especies de plantas no autóctonas y finos animales. Concreta
la compra de esas 11.000 has. De las cuales destina 1.800 has, para
el cultivo de trigo, lino y maíz; 8.700 hs. para pastoreo de 8.500
cabezas de ganado y las 500 has. Restantes, las dedica a la creación
de un parque maravilloso.
Comienza a forestar y construir las instalaciones necesarias para
crear su edén. Usina, casco de estancia, criaderos de ciervos y
nutrias, una hermosísima capilla de piedra, etc. El paisajista Carlos
Thais -–ya famoso – es quien está a cargo de la estética del proyecto.
El mismo Don Aarón en persona trae desde Australia decenas de
especies de Eucaliptos; desde la India ciervos Axis – tal vez los mas
hermoso del mundo – y 500 jabalíes del Cáucaso.
Lleva adelante un ambicioso proyecto de parquización que no excluye
erigir una verdadera obra de arte : la torre-faro que lleva su
apellido y que aún custodia su descanso y nuestra seguridad cuando
navegamos por la zona.
Este Edén, gracias a una voluntad y la paciencia generosa de las
autoridades uruguayas – recordemos que allí se encuentra la
Residencia de descanso del Sr. Presidente de la República Oriental
del Uruguay – aún hoy pueden ser visitadas por los nautas, con el
único e insoslayable compromiso de preservarlas.
Nuestra querida Barra del Rió San Juan fue descubierta desde la
barquilla de un globo, atalaya de un visionario.
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El incidente pudo haber sido fatal, si no lo hubiera rescatado un
pailebote, a unos kilómetros río adentro.
Estimamos aproximadamente la posición del rescate entre la baliza
Sofía – actualmente desaparecida – y el casco hundido del Ministro Di
Tomaso, en la ruta seguida por esos chatos veleros de carga que iban
en busca de la rubia arena de los bancos y las piedras de las
canteras uruguayas.
"No olvido que en mi primera salida como capitán de ese pequeño
barquito conseguí la compañía de tres amigos, que ninguno de ellos
sabía nadar. En la mañana en que nos dirigíamos a bordo, les
explicaba la conveniencia de fijarse detenidamente en lo que veían.
Pasábamos ante un policía y les decía en broma :
Mírenlo bien. No lo veremos más.
Al ratito yendo en un tranvía, expresaba :
¡Es lindo viajar en un tranvía por última vez!
Y así bromeaba mientras nos dirigíamos al barquito llamado Chubut,
con el cual había navegado en lejanos tiempos Jorge Newbery, primera
gran figura deportiva de mi país y que llego a poseer el récord
mundial de altura en aviación.
Llegamos al barquito y me indignaba porque mis amigos le decían bote.
¡Se dice yate! – insistía yo ofendido - ¡Esto no es un bote!
Una mala maniobra del marinero que nos lleva con su bote al Chubut, y
éste que se da vuelta.
Mis tres amigos y yo nos encontramos en el agua.
Por suerte para mis compañeros, el agua nos llegaba apenas arriba de
la cintura; pero la ropa con que íbamos vestidos quedó imposible, los
alimentos se mojaron y los tiramos.
En realidad no nos harían mucha falta pues el crucero se extendería, a
lo sumo, a unos diez kilómetros, porque pensábamos llegar desde el
paraje denominado Belgrano hasta Puerto Nuevo, navegando
paralelamente a la costa.
Enderezamos el barquito, subimos nuevamente, desalojamos el agua y,
como la vela estaba muy mojada, colgamos del mástil sobretodos y Perramus que llevábamos. La corriente nos arrastraba a rumbo y
dejábamos que el Chubut fuera con ella en tanto se secaban la vela y
las ropas. Pero al salir del reparo de la costa, el viento que
soplaba comenzó a hacerse sentir en toda su intensidad y nos apartó
de la ruta cada vez más. Ya avanzaba la tarde la situación se tornó
crítica.
Mucha marejada, el viento Pampero cada vez más intenso, la costa la
teníamos a unos treinta kilómetros, dos compañeros se encontraban
inconscientes en el piso del barquito y el agua les cubría medio
cuerpo. El único amigo capaz de ayudar con la maniobra era fatalista.
Y me decía :
¿Y ahora te vas a afligir?
Procuraba hacerle entender que así era imposible continuar por el
frío reinante, porque cada vez más nos alejábamos de la costa; pero
me repetía su estribillo :
¿Ahora te vas a afligir?
De pronto, una voz como de ultratumba dice :
¡Cuidado con el auto!
¿Qué auto?, pregunté alarmado.
Ese que se está cruzando ...
Me dí cuenta, lo decía uno de los mareados y que ahora se encontraba
delirando.
Por fortuna, con la última luz del día divisamos un pailebote.
Le hice señas, se acercó y con una grúa levantó al Chubut con sus
tripulantes. Al día siguiente, en letras de molde, leía en los
periódicos : "El Yate Chubut ..."
Entonces, les dije a mis amigos en tono desafiante :
¿Han visto que es yate y no bote?
Desde esa aventura nadie más quiso acompañarme a navegar."
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"Yo explicaba de las conveniencias de saber navegar, de la bondad de
la vida al aire y al sol, de que el hombre tiene que vivir más en
contacto con la naturaleza, para comprenderla mejor, para sentirse un
poco elevado espiritualmente. Pero después de esos discursos con los
cuales quería convencer a algún amigo, inevitablemente escuchaba las
mismas palabras :
No tengo tiempo.
En esas condiciones me iba a ocurrir como a aquellos capitanes a los
que la tripulación se les declara en huelga y que al llegar a un
puerto rondaban por los bares en busca de nuevos tripulantes, a los
que convencían después de haberlos embriagado.
Aquella referencia periodística en la que el Chubut, el del Belgrano,
aparecía como yate y no como bote, me había dado una gran
satisfacción, pero también aventado a todos los amigos dispuestos a
acompañarme. Sin embargo, cierta vez hallé a uno que, al parecer, no
leía los diarios y sería una falta de gratitud si no consignara su
nombre, pues gracias a él me hice navegante solitario.
Se llama Severo Viñas Urquiza.
El crucero era más largo que el anterior. Desde Belgrano íbamos a
llegar hasta Quilmes, total de 25 kilómetros por el Río de la Plata,
y sin perder de vista la costa ni un momento, a la que podíamos
llegar a nado. Viñas Urquiza me acompaño.
Íbamos con viento norte – continúa narrando Dumas – a buena velocidad,
cuando a unos 10 kilómetros de la partida le pregunté :
¿Severo, amarraste bien el ancla?
No había contestado cuando la botavara pasó por encima de nuestras
cabezas como golpe de guadaña. Se había caído el ancla y estábamos
fondeados. La levantamos y reiniciamos la marcha. Entonces mi
compañero comenzó a quejarse de unos supuestos dolores en el lado
derecho del vientre.
"Debe ser apéndice", exclamaba.
¡Paciencia! – le decía yo - ...ya vamos a llegar.
Cuando estuvimos atracados en Quilmes, al parecer arreciaron los
dolores y mi amigo exclamaba :
"¡Debe ser el apéndice ...! ¡Sí ... sí ...! ¡Tiene que ser el
apéndice! - ¡ Me voy ... adiós!", y salió corriendo.
Sólo atiné a augurarle que la operación fuera con toda fortuna, y
quedé sólo con el Chubut..
Comencé entonces a buscar nuevo compañero. Solicité a pescadores,
marineros, estuve en esa búsqueda durante dos días, y como no pude
hallarlo, decidí volver solo.
Y desde ese día fui navegante solitario. A veces acompañe en regatas,
pero casi siempre preferí andar solo.
Aquel Chubut, al que le decían bote y yo obligaba a que lo llamaran
yate, fue mi compañero de muchas charlas con las estrellas, testigo
de aquietados atardeceres en los que solíamos quedarnos a ver como se
ahogaba el sol ...", - finaliza Vito su recuerdo.
Cuenta Julio Comercio que su tío, Comodoro del C. N. Buchardo,
comentó muchas veces en familia y entre amigos :
"Era demasiado intrépido y había que pararlo, precisamente, por esa
razón".
"Mi tío tomó una determinación, que sirvió para mantener una polémica
hogareña que duro años, suspendió a Vito de las actividades náuticas.
El motivo fue no haber respetado los horarios reglamentarios para la
devolución de las embarcaciones de entrenamiento del club.
Esta obsesión de ir más allá del horizonte – que los polinesios
describen con una sola palabra. Kaimiloa – era el motivo de Vito en
cada salida. El día nunca era tan largo como sus deseos, pero el
divisar las lejanas cuchillas uruguayas y los cerros de San Juan iban
haciendo nacer su amor por las largas y travesías.
En aquellos barcos pequeños y abiertos que los clubes tenían para sus
asociados, regateaban y hacían cruceros los aficionados entusiastas
que formaron la base, junto con Dumas, del yachting del Río de la
Plata.
Practicaron una náutica ruda, silenciosa e ignorada, hecha de un gran
afán; ese ansia inexplicable de salir en velero sabiendo de antemano
que habrían de aguantarse muchas molestias.
Mojaduras, privaciones y frío, a cambio de navegar y haberse sentido
capaz de soportarlo todo.
No hubiéramos tenido un Dumas sin esa escuela en donde se forjó. Eran
las épocas en que lo espartano del equipo personal se complementaba
con lo precario del aprovisionamiento. Haciendo gala de hombría y
bohemia, se improvisaba una salida larga en cualquier momento, y
también se transformaba en ella, alguna de paseo.
Se juntaban al instante las provisiones que hubiera al alcance de la
mano, galleta, mate, arroz y cigarrillos.
"Un sudoeste inesperado transformaba al paseo dominguero en un cruce
al Uruguay sin más aviso que, desde el puerto uruguayo, un llamado
telefónico para informar al club que no pasaba nada ..."
-nos recuerda en su libro don Campos Aicua.
Eran también épocas de regatas en single-handed, semilleros de
solitarios, que formaban parte de los estilos de esos tiempos para
forjar navegantes guapos.
Cuando el viento no se le prestaba para navegar a vela, o hacía un
excesivo calor, Vito fondeaba y fortalecía su musculatura y su
resistencia en natación.
Luchaba a brazo partido –nunca fue tan oportuna la frase- contra la
corriente del río.
La suspensión que como castigo por su intrepidez recibió en el C.N.
Bouchardo, lejos de retraerlo de estas actividades, le sirvió como
estímulo para plantear ante sus padres, la necesidad de la compra de
un barquito propio.
No tendría que respetar reglamentos ni horarios para regresar a
puerto. Otra vez la embajadora fue mamá Vicenta, y Don Vittorio
aportó la solución sumando unos pesitos a los que Vito tenía, fruto
de sus trabajos.
Vito rastreó la ribera y encontró, dentro de su presupuesto y del
mismo C.N.Bouchardo, al que sería su primer velero.
No hemos podido
encontrar datos de la transacción –fue hace setenta años- pero
transcribiremos una carta que el vendedor del cúter Atlántida
remitiera a la redacción de la revista "Neptunia" con el motivo de
aclarar algunos detalles erróneos que ésta publicación editara en un
artículo anterior referido a Vito.
En la edición del mes de enero de 1943, pág. 37, de esa revista, se
publicó bajo el título "VITO DUMAS, loco lindo", el artículo de
referencia, del cual extractamos :
"Este barquito era una falúa que Dumas había hecho modificar,
agregándole una media cubierta y un quillote.
Tenía el aparejo cúter de cangreja.
Con él realizó frecuentes salidas durante un tiempo.
Sus conocimientos náuticos eran sumamente rudimentarios.
En realidad, estaba aprendiendo a navegar a vela en la escuela de la
propia experiencia.
Los que lo conocieron en aquellos tiempos coinciden en destacar su
audacia, aparentemente, la audacia inconsciente del novicio
entusiasta".
En el número siguiente de "NEPTUNIA", quien vendiera a Vito su primer
velero escribe :
"Buenos Aires, febrero 9 de 1943.
Señor Director de la revista NEPTUNIA :
En uno de los párrafos de su nota relacionada con Vito Dumas, habla
de un barquito Atlántida que había sido falúa y que el nombrado Vito
Dumas modificó.
No es así, el Atlántida era propiedad de mi padre, quien nos lo cedió
a mi hermano y a mí, para hacer aprendizaje, y se trataba de una
embarcación que podríamos llamar cutercito pues su equipo era
bastante completo, hasta contaba con escandalosa.
Era un barco sumamente escorador pero con buen aguante, con el cual
en ese entonces nos hacíamos unos cruceros bárbaros a Punta Morán,
Mini, etc., animándonos, a veces, a competir con los últimos
pailebotes, pues al poco tiempo desaparecieron casi todos.
Posteriormente, hablando con Dumas, quien demostró gran entusiasmo
por el barco y ser gran deportista ...
(Dumas pasaba por su etapa más gloriosa de la natación al momento de
esta compra, en 1925)
... siendo un verdadero enamorado del agua, se lo vendimos
completamente nuevo, ya sea en aparejo y pintura.
Puede decirse que fue una transacción amistosa.
Realizó un brevísimo aprendizaje y puedo asegurarle que a la tercer
salida, se largó solito para San Fernando, prescindiendo de toda
clase de lecciones, y lo más elocuente es que a los pocos días se
largó para Colonia, realizando una buena travesía.
Discúlpeme el
atrevimiento, pero es que el hablar del Atlántidad es algo que me
conmueve y me hace añorar el pasado, tal vez sea por la edad o por el
entusiasmo del principiante y por los buenos compañeros, algunos ya
desaparecidos, el caso es que el mejor recuerdo que guardo, es de la
navegación que hice en dicho barquito y lamento no saber que fin ha
tenido. Sin otro motivo, saludo a usted con la mayor consideración.
Benigno Fernández
Pagina 39 y 40
"Era un barquito híbrido que navegaba muy bien, de popa redonda y
procedencia inglesa, creo. En el año 1925 yo vivía en Colonia. Apenas
recién comprado, unos días no más, recuerdo que Vito se viene
navegando estrenando su nuevo barco.
¡Casi se "lleva puesto" el muelle! Menos mal que yo estuve allí y lo
frené. Todavía no sabía navegar. ¡era un audaz!
El tenía 25 y yo 18. ¡Cómo nos divertíamos entonces!, -nos cuenta
nuevamente este atesorador de anécdotas de Dumas, que es su amigo
Caracciolo.
Dumas habías sido sancionado en el C.N. Bouchardo, entonces se asocia
al Yatch Club Río de la Plata el 24 de agosto de 1925, siendo ya
propietario de su primer velero.
Colonia y San Juan supieron de los reiterados arribos del Atlántida
hasta bien entrado 1928, en que se va del club luego de vender su
velero a los hermanos J.C. y E.T. Mulhall. Hacía un año que Dumas era
padre, y la náutica no daba dividendos.
Aparentemente se aleja de la navegación, pues en año 1931 y a punto
de embarcase rumbo a Europa en el vapor Nueva Zelanda, le comenta a
su amigo Duval, que se hallaba dedicado de lleno a la radiofonía,
como locutor.
Si bien Vito había tendido oportunidades anteriores de navegar, es
entre 1925 y 1928 que en forma sistemática efectúa la práctica de la
náutica.
Pagina 45 y 46
"El sábado 15 de febrero de 1919, a las 16:45 hs. entra el nadador
italiano en las aguas del Río de la Plata.
Se abría allí. En el estuario más ancho del mundo, un nuevo horizonte
de hazañas para la natación, nacía la esperanza de superar nuevas
metas para los soñadores de las grandes empresas. Vito estaba allí,
en su ambiente, pulsándolo todo, mirando, estudiando. No se perdía
detalle de cuanto se hacía.
Era el primer raid en "El Plata", y por supuesto, estaba plagado de
errores. De entre ellos, podemos recordar uno que pudo haber tenido
consecuencias nefastas para su protagonista, nada menos que el gran
Enrique Tiraboschi :
El accidente se produjo en el extremo del mismo viejo muelle al cual
hoy amarramos nuestros veleros cuando arribamos al puerto de la
hermosa Colonia Vieja. Muelle que por aquel entonces estaba surcado
por unas angostas vías sobre las que se desplazaban, ruidosamente,
las vagonetas con cereal uruguayo para Buenos Aires, previo viaje en
las bodegas de goletas y bergantines.
Estaba el nadador italiano en el extremo del muelle listo a comenzar
el intento, untado su cuerpo con grasa y lanolina y con los anteojos
colocados, que en esa época no eran de poli carbonato, como ahora,
sino de cristal. Acto seguido, una espectacular zambullida de
Tirasboschi que termina con el estallido de los anteojos al golpear
en la superficie del agua. Por milagro, los ojos del nadador se
salvan de la oscuridad eterna.
Vito miraba y anotaba en su mente estos errores, pero también
registraba la escena romántica del italiano al soltar, en el mismo
instante en que sus pies se separaban del tablado del muelle, una
paloma mensajera que llevaba la hora de la partida.
"¡Que disparate!
Eso de tirarme desde allí arriba no lo haría yo." –comentaba más
tarde entre los muchachos del equipo que asistía a Tiraboschi.
Una tormenta echó por tierra los deseos del raidista italiano,
seguramente un Pampero, que siempre golpea con fuerza la costa
uruguaya. Luego de unas 11 horas de nado infructuoso y en vista de
que era inútil continuar, se le ordenó a Tiraboschi, que saliera del
agua. Luego de mucho insistirle, y con gran pesar, el nadador cumplió
con la orden recibida."
Pagina 46
"Doctor, me gustaría cruzar este río nadando.
Esto de ser un simple acompañante, un mero espectador, no me
convence ...
¡Vos estás loco! ¿Cómo te puede gustar esto?
¡Hay que tener el gusto atrofiado! Este tano es un caso de manicomio
y si le seguimos el tren vamos todos a Vieytes o al fondo del río ...
Es que yo ..." – trataba de replicar Dumas.
"¡Sacate esos pájaros de la cabeza, no estás en edad de hacer
semejantes esfuerzos. Tenés que madurar. Guárdate el entusiasmo para
entonces, y ahora déjame tranquilo que este zarandeo me tiene medio
mareado".
Pagina 47
Don Ernesto Caracciolo, nos sigue relatando ...
"... Una tarde, en el Club de Gimnasia y Esgrima, Vito se encontró
con el doctor Grasso y Simón Rossi, a quienes expuso su proyecto.
No era la primera vez que lo hacía.
Muchas veces les repitió su cantinela y tantas otras escuchó la misma
respuesta.
No tenés edad para eso. Sos muy chiquilín todavía ...
Mientras discutían el asunto, llegó Tiraboschi, Rossi le dijo a
este : ¿Qué te parece Enrique?, este gurrumín quiere cruzar el Plata
y quitarte el récord a vos. ¿Qué opinas?
Una mirada de conmiseración se dignó dirigirle Tirasboschi a Vito.
El tano, que aún estaba viviendo bajo el influjo de su aureola de
triunfo, le remató un :
¡Estas son cosas de hombre!
¿O te pillaste con esos recorcitos de juguete que tenés?"
...
Dumas, herido en sus fibras más íntimas, le respondió :
"Si Ud. fue capaz de hacer eso, yo me animo a superarlo."
Pagina 49
"El mérito, me decía Dumas, consiste en cruzar el Río de la Plata y
no, permanecer boyando en él.
Y para esto preciso que todos larguen el mismo día y a la misma hora.
Así, los inconvenientes y beneficios serán parejos por igual.
El campeón surge de una competencia, nunca de un hecho aislado donde
pudo favorecerlo alguna circunstancia ajena a sus condiciones ..."
Pagina 55
"A fines de 1923 – nos sigue contando Caracciolo – la natación en
pileta andaba floja, en cambio la del raid en río absorbía la
atención de los aficionados y las preguntas en boga eran éstas :
¿Se podrá cruzar a nado el Río de la Plata? ¿Habrá en el mundo un
hombre con tantas condiciones extraordinarias como para realizarlo?
Los técnicos de la época, Tiraboschi, Rossi, Ponisio, aseguraban que
no. La palabra de estos maestros era sagrada.
Entonces la revista "El Gráfico" resolvió premiar con cinco mil pesos
al nadador que consiguiera unir ambas márgenes.
Con este incentivo, la temporada se presentaba formidable para los
raidistas. En el mes de diciembre de 1922, se anunciaba que una mujer
intentaría el cruce. La opinión general era totalmente escéptica al
respecto : si ningún hombre lo había conseguido, menos aún lo
lograría una mujer."
Pagina 58
"Era un gran tipo. Estaba convencido que para influir en la juventud
tenía que convertirse en un ídolo haciendo algo notable, algo que lo
destacar entre el resto de los mortales. Así y sólo así escucharían
su prédica y rescataría a los descarriados con el respeto que
irradiarían sus proezas. Estaba destinado a convertirse en ídolo
popular. Cuando batió el récord mundial de permanencia en aguas
abiertas con más de 24 horas, en la oportunidad en que intentara
cruzar el Río de la Plata, tenías sólo 23 años. Era mi ídolo"
Algo lamentable ocurrió pocos días después, cuando festejaban ese
acontecimiento. Se juntó todo el equipo de G.E.B.A. para agasajar al
nuevo recordman mundial. Almuerzo opíparo y bien regado. Como fin de
fiesta se dirigieron a la nueva pileta de natación del Parque
Chacabuco. Vito ensaya una clavada, sin conocer la cota de la parte
menos profunda. Se partió el cráneo, en el hueso frontal.
Todos pensaron que se había matado. Chorreaba abundante sangre y
perdió el conocimiento. Enrique Tiraboschi se tiró a sacarlo.
Urgente, el Dr. Godofredo Grasso lo llevó al Hospital Rawson.
Transcurrieron horas de angustia y vigilia hasta que, por fin,
recuperó el conocimiento. El Dr. Grasso interroga al médico que lo
atendió sobre las posibilidades de salvación : éste le responde :
"Se va a salvar ... pero los días que haya humedad trate de no estar
cerca ... rájele"
Esta impronta en la frente de Vito, fijaría para siempre del apodo
de "loquito" con que adornaron su apellido, y sería como un sello al
cual remitieron, muchos años después, quienes evocaban su imagen.
En efecto, tuvimos oportunidad de hablar sobre Vito con varias
personas alejadas totalmente del ambiente náutico, que no veían a
Vito desde hacía décadas, y sin embargo, nos preguntaban :
- "¿Qué era eso que tenía en la frente ...?"
Paginas 59 y 60
Familiarmente a Vito le decían Chichito.
Su madre Vicenta Grillo – o abuela Vicenta, tal como la recuerda hoy
su hijo de Vito – era la más fiel aliada en todos sus
emprendimientos, y mediaba ante Victorio Dumas, su esposo, para
ayudar a Vito a alcanzar sus objetivos.
En la familia Dumas, todos recuerdan que el tesón de Vito era
inamovible; cuando una idea se le metía en la cabeza, no paraba hasta
ejecutarla. Ya desde muy chico dio muestras de una profunda decisión
para alcanzar lo que se proponía. A los 18 años cae victima de la
fiebre de la natación y a los 23 había batido el récord mundial de
permanencia en aguas abiertas, en su primer intento de cruce del Río
de la Plata.
Justo es decir que nunca sabremos si ese intento hubiera llegado a
feliz término, pues sus acompañantes, embargados de una entendible
euforia, lo retiraron del agua 5 minutos después de batir el récord
impidiéndole continuar.
Una euforia onerosa para Vito, pues intentó seis veces más el cruce,
y otras tantas fue abortado por tormentas de verano.
Este ejemplo muestra a las claras la dimensión del tesón de Dumas,
característica de personalidad sin la cual hubieran sido imposibles
sus triunfos en el mar. Estas coincidencias entre intentos de cruce y
clima adverso valieron que le colgaran el simpático mote de El
Capitán Tormenta.
Una acabada muestra de su desarrollada auto-confianza, ese rasgo de
carácter que tenía Vito, la encontramos en propias palabras de él,
escritas en 1926 y vueltas a publicar en medio de su primer cruce
atlántico :
"- Tengo entendido que los vascos mantienen la supremacía de la
testarudez, sin embargo, creo disputarles esa exclusividad.
Persistir es una de las palabras más bellas. Y tengo la convicción
que todo hombre debe llevarla como divisa.
Es por ello que no desanimo en la seguridad de hallar otra
oportunidad para vencer".
Pagina 64
"De Calais, se dirige a la localidad costera de Arcachon en el Golfo
de Vizcaya, pues le indican que allí hay muchos astilleros para
visitar y buenas ofertas de veleros.
Encuentra un viejo 8 metros internacional, fórmula antigua, llamado
Titave II (su primer nombre fue Le You).
Adquiere este velero, al que había que hacerle una serie de arreglos
dado el estado en que se encontraba.
Rápidamente cae en la cuenta de que el dinero que le queda luego de
la compra no le alcanzaría para embarcar al Titave II en un carguero
y fletarlo para la Argentina, pero sí para efectuar las reparaciones
más necesarios y alistarlo modestamente.
Otra vez su tesón y una encomiable capacidad de generar proyectos
alternativos le marcan el camino, volvería a su patria navegando.
Esta versión nos da Caracciolo de los orígenes del Vito Dumas
navegante solitario coincide, además, con lo escuchado por Horacio
Nino – discípulo de Dumas en la Escuela de Náutica Deportiva- de los
labios del dibujante naval Jorge Iturbide, amigo personal de Vito.
Esta decisión ante la adversidad, no hace más que realzar una faceta
de su carácter, que guiaría todos los actos de su vida : La tozudez,
basada en una infinita confianza en sí mismo. Mucho más
sintéticamente nos lo confirma Vito hijo, cuando en una de las tantas
charlas que tuvimos sobre su padre, nos dijo claramente :
"Mi viejo fue un gran cabeza dura toda su vida, cuando se le metía algo en ella, no había Dios que se lo sacara".
La conclusión del proyecto está en sus propias manos, en su talento
de navegante, en la confianza absoluta de lo que serán capaces de
soportar su físico y su psiquis. Según Caracciolo :
-"... la imposibilidad de pagar un flete para el L.E.H.G. motivó que
Vito decidiera regresar navegando"
Pagina 65 y
66
Dumas se autodescubre en este viaje. Un camino para destacarse del
resto de los mortales se le presenta claro y se lanza decididamente
desde Arcachon, a la vida de marino solitario, un nuevo rol que lo
acompañara casi hasta el fin de sus días.
La recepción que se le tributa a su arribo a Buenos Aires en el
rebautizado L.E.H.G. los premios y halagos que recibe de sus
compatriotas, lo estimulan a seguir esa trayectoria definitivamente;
unas 50000 personas lo esperaron en Dársena Norte, y no se sabe a
ciencia cierta cuantas loa aclamaron en su paso triunfal por las
principales calles de la ciudad, recibiendo una ovación de
gigantescas proporciones. Ya se encuentra en Buenos Aires y, excepto
una varadura en la playa de Mostardas, Brasil - causa del sueño,
artero enemigo de los solitarios entonces, sin navegadores
satelitales ni timones automáticos - ".. no tuvo mayores
inconvenientes".
Su análisis le indica que su físico ha respondido bien a las
necesidades de un navegante solitario. Curiosa aplicación del
resultado de largos años de un consecuente y agotador entrenamiento
para sus esforzados raids de natación !
Lo ha decidido, su nuevo rumbo esta marcado : será navegante
solitario. Casi sin quererlo y con el objetivo de traerse un barco de
regatas, entra a la náutica por la puerta grande de la fama bien
merecida. Ya tenia nuevos proyectos que lo encumbrarían aun mas en
ese camino elegido.
Por lo pronto, el barco de regatas que había traído no servia para
esos fines, habida cuenta de lo desvencijado que había quedado luego
del tremendo esfuerzo realizado en el Atlántico.
"Si alguien me propusiera realizar nuevamente el viaje con el
L.E.H.G. resueltamente diría que no.
A quien se le ocurre, con un barco de regatas, desafiar el océano ?"
Declararía Vito posteriormente a su primer raid oceánico.
Vito sella su entrada en la historia legando el casco del vapuleado
L.E.H.G. al Museo Histórico de Lujan "Enrique Udaondo".
El hecho de no incluir la arboladura en la donación, nos hace suponer
que ya estaba pensando en la construcción de otro barco, adecuado
para sus futuras hazañas. Seria el L.E.H.G. II el yate en el que
arbolaria el palo mayor del L.E.H.G..
Un grupo de sus amigos, sabedores de la verdadera situación económica
de Vito, deciden hacer una colecta y logran juntar $2.111,80 m/n.,
que se lo entregan a modo de compensación por su generoso gesto
De todas formas, a su regreso de Arcachon, Vito continua con sus
clases de natación. Esta es la única época de su vida en que,
trabajando en forma regular, gana buen dinero y lo invierte con
sensatez; construye para su familia, la casa de Vicente López. Y para
el, el doble proa mas famoso de la historia.
Corría el año 1934.
Pagina 67
Seria Arcachon donde encontraría la solución a sus nuevos proyectos ?
"Pregunte por un tal Bossuet, - le dijeron - ese hombre construye
barcos".
Llamo a la puerta del chalet del Sr. Bossuet y se presento :
"Soy deportista - le dijo Dumas - tráteme como tal.
No poseo mas fortuna que mi entusiasmo, y mi gran ambición es brindar
a mi patria algo que la distinga en el concierto del yachting mundial"
Pagina 68
Dumas, con sus palabras y proyectos llevo a su memoria el recuerdo de
aquellos días venturosos de su juventud, en que también soñaba.
Convertido en maquina parlante, se explayaba con aquel hombre de
nevada cabellera y de semblante que revelaba su natural bonhomía.
Atardecía.
"Lastima no tener nada adecuado para lo que Ud. Se propone, - le dijo
Bossuet - pero .. si quiere echar un vistazo por el astillero, vamos
antes que oscurezca".
Salieron. Un estrecho caminito los condujo al mismo.
Plantillas, cuadernas, esqueletos de barcos en construcción, fue lo
primero que vio Dumas.
No le satisfacían, no era lo que el buscaba.
Mas allá, tapado con viejas lonas que el tiempo dejara fuera de
combate, Vito diviso las hermosas líneas de un clase 8 metros
internacional, formula antigua.
"- Ese ! - le señalo brillándole los ojos de alegría - Ese !
Que dice ?
Ese, ese mismo ! Ese barco quiero !
Pero usted esta loco ? Ese barco ya ha hecho su campaña, se ha
cansado de ganar regatas !, y por lo viejo y gastado cumplirá con su
ultima misión; dar calor.
Las hornallas de la cocina y la salamandra se lo devoraran este
invierno. Saquéeselo de la cabeza !"
Pagina 69
"Y bien Sr. Bousset ... Me lo vende ?
Mi conciencia indica que no. Cuando estuvo en venta, aun con
capacidad de navegar, nadie lo quería. Ahora, que su proa apunta al
fuego, aparece un comprador, usted. Y nada menos que para llevárselo
navegando hasta su país ! Con una mano en el corazón, póngase en mi
lugar y conteste usted por mi."
Pagina 71 y 72
"- Permítame, Sr. Bossuet, dormir esta noche en el barco. Ud. Sabe lo
que esto significa para un marino. En la mejor cama del mejor hotel
no podría conciliar el sueño tan bien como aquí."
Con una amable sonrisa y una palmadita en el hombro el francés le
sugirió :
"... ese barco esta bien para navegar por aquí adentro, afuera no
aguanta nada.
Ni que pensar en doblar el Cabo Finisterre !"
Otros recordaran que, con grandes barcos, estuvieron a punto de
naufragar frente a San Juan de Luz, y hacían espeluznantes relatos
acerca de esas contingencias. Tampoco faltaba el agorero que en tono
burlón dijera que el L.E.H.G. no era un ataúd muy confortable, y que
era preferible ser devorado por los gusanos de la tierra que por los
tiburones del Atlántico.
Ha llegado, por fin, el día supremo para nuestro compatriota !
Tras largos cuatro años de tierra firme, su barco se apoyaría en su
elemento natural; el agua. El cura párroco de St. Ferdinand lo
bendeciría, mas el agua con que rociaría al L.E.H.G. fue olvidada en
la iglesia. Un chico en bicicleta corrió a buscarla y al rato estuvo
de vuelta. Mucha gente presencio el acto no sin cierta inquietud y
recogimiento, pues veía en el algo asi como el sepulcro de ese hombre
bueno y macanudo que se había hecho querer por todos.
Pagina 72
El cura párroco, después del ritual, quiso pronunciar palabras que no
salieron, embargado de la emoción.
Se miraron en silencio, y aquel hombre de sotana que supo los
horrores de la guerra del 14, no pudo frente a Vito, contener unas
lagrimas.
"Buena ... Buena ... suerte, hijo mío !"
Un abrazo fraternal y dos de aquellas lagrimas quedan con Vito.
Embarcaran en el L.E.H.G.
Pagina 73
Al día siguiente, luego de un inevitable achique, envergo foque,
trinquetilla, mayor de capa y mesana.
No hizo falta mas.
Este silencioso llamado convoco a curiosos y a viejos lobos de mar
que, interrumpiendo sus sabidas historias, bajaron lentamente al
muelle.
Descompasadamente, los distintos ruidos del astillero fueron
callando, respetuosos. Los obreros abandonaron sus hachuelas, masas y
serruchos.
Los jóvenes se dirigían, como hipnotizados, hacia el reciente Titave
II. Los memoriosos hacia el celebre Le You.
Pero todos leían, sin comprender, L.E.H.G.
Un velero había resucitado. Mostrado su brilloso casco blanco y un
velamen hambriento.
Vito echo el ultimo borde en la vida del Le You.
Su proa ya no era el fuego sino la historia. Alimentaría fantasías en
vez de estufas.
Pagina 74
Y soltó la amarra. Cuatro años hacia que no tripulaba un barco. Pero
el marinero que había en el le procuraba seguridad.
Suavemente se deslizaba impulsado por la brisa respondiendo a sus
finas líneas de gran clase. Excelente para regatas.
Pero llegaría a Buenos Aires ?
Resistiría su frágil contextura los embates del Atlántico ?
La mayoría de aquella gente que observa a Vito maniobrar con singular
habilidad, coincidía en que ese barco seria su ataúd.
Una certeza enfachada permitió que el L.E.H.G. muriera justito con el
boyarín al filo de la roda. Esta impecable maniobra de toma de amarra
culmino con el tenaz ballestrinque al fraile y una ovación en el
muelle.
Mounsier Bosset, el primer admirador de Dumas en Arcachon,
estrechándolo entre sus brazos le dijo :
"Esto no se aprende. Para hacerlo hay que tener vocación.
Admirable ... Admirable !"
Dumas estaba listo a zarpar.
Por toda alimentación llevaba solo 3 kg. De papas, 2 kg. De pan, 1
kg. De azúcar, otro de café y uno de cacao. Dos botellas de vino, una
de ron y 2 damajuanas de agua, las que estibo cuidadosamente.
En la compra de estos elementos invirtió hasta el ultimo franco; en
el bolsillo le quedaban 20 pesetas que debía administrar hasta llegar
a Buenos Aires.
El primer intento de partida, un 4 de diciembre de 1931 a las 16 hs,
fracaso. Fuertes olas cortaron cuatro veces el cabo de remolque y
además había tal niebla que los vigías del faro Cap. Ferrat no lo
vieron pasar.
Volvió a la amarra, y luego de amarinar el barco, se encerró en la
camareta; no estaba para nadie.
De pronto, su mirada se fijo en una pequeña cruz, caída en la sentina
quien sabe desde cuando, oxidada por el salitre del mar.
Con todo cariño se entretuvo en limpiarla.
Pagina 75 y 76
El Golfo de Gascuña o, como lo llaman los marinos que lo navegaron,
La costa de la muerte, era su primer desafió.
Helo allí, navegando sobre los cascos hundidos por la furia del Mar
Cantábrico. Le habían aconsejado que se dirigiese a Jean de Luz, pero
su plan no era ese. Su próxima meta era Vigo.
La proa del L.E.H.G. busco el Cap. Ortegal, para luego virar el Cabo
Finisterre. En ese golfo que mete miedo, acudieron a su mente los
recuerdos de las escalofriantes historias que - acerca del mismo -
leyera cuando era un colegial.
Aquel pensamiento de Francisco Arago se le antojaba tetricamente
cierto :
"Las olas nos ocultan los errores de los pilotos, así como la tierra
cubre las equivocaciones de los médicos"
Pagina 77
Tomo una decisión; esa noche dormiría a bordo en el copckit, a la
intemperie y junto al timón. No bajaría a la camareta, por temor a
quedarse profundamente dormido.
El día 18 amaneció encapotado, presagiando una tormenta de antología,
que no tardo en aparecer. A la altura del Cabo Peñas, las olas eran
gigantescas. Los pocos barcos pesqueros que había, rumbeaban a puerto
evidente señal de lo que acontecería.
Las ráfagas fueron aumentando, y con ellas la marejada, que alcanzo
una altura sorprendente.
Se cruzo con el Juan Marín, un carguero.
Pudo ver a su capitán amarrándose la cabeza. Seguramente se
preguntaba como podía alguien andar por esos parajes con semejante
barquito. A su vez, Dumas pensaba en el peligro que corría aquel, al
mostrar buena parte de su quilla, toda la pala del timón y la hélice
girando al vació.
Grande fue su sorpresa al su sorpresa al comprobar que el agua que se
colaba por las costuras ya llegaba a la altura de la cucheta y que,
con el balanceo, le inutilizo los alimentos, mojo ropa y fósforos.
Saco algunos baldes de agua, tarea que bien pronto abandono pues su
presencia era imprescindibles en el timón.
La navegación cada vez se hacia mas peligrosa conforme el huracán
aumentaba de potencia.
Hambriento y con las manos llagadas luchaba denodadamente en ese mar,
soportando temperaturas de hasta 18 grados bajo cero. Hasta el cuarto
día de su partida había comido muy poco. Luego, masticar seria solo
un recuerdo pues el agua había arruinado sus alimentos.
Siete días con sus noches sin pegar los ojos.
Pese a su estado calamitoso, debía sacar fuerzas para achicar el
metro de agua que ya tenia adentro de su barco. De lo contrario, se
cumpliría el vaticinio de la gente de Arcachon :
"Ese barco será su ataúd y por gusanos, los peces lo devoraran".
Pagina 79
Mientras cumplía con el trabajo de sacar agua, un fuerte golpe de ola
le hizo perder el equilibrio, y al pegar con la nariz en un travesaño
de las tablas del piso, perdió el conocimiento.
Poco a poco, y debido al frió, la sangre dejo de fluir.
Cuanto tiempo estuvo en ese estado ?
Tal vez poco, el agua fría que lo bañaba se encargo de volverlo en si.
Pagina 79 y 80
El día 30 lo avistan cerca de las Islas Berlincas.
Aparentemente el se hallaba bien, y aunque el mar estaba tranquilo,
era simplemente la bucólica obertura de una opera tormentosa. El
clima era pésimo, y el L.E.H.G. sufre la rotura de la abrazadera de
la botavara del palo mesana.
Vito intenta arreglarlo y no puede evitar el accidente mas peligroso
de su vida de navegante : cae al agua.
Previsor, había amarrado su cintura a uno de los cabos con que
trabajaba en cubierta instantes antes.
Quien navega sabe que abordar un barco desde el agua no es tarea
fácil. A eso súmenle el hecho de estar agotado y en medio de una tormenta ...
Entre Portugal y las Islas Canarias, frente a Punta Anaya, Vito se
encuentra con un barco mercante cuyo capitán lo visita a bordo del
L.E.H.G. Este marino, días después del encuentro, informaría a la
prense que frente a Lisboa, un furioso temporal de solo una hora y
media de duración sorprendió al L.E.H.G., inundándole la camareta e
inutilizando todos los víveres.
Desde entonces, hacia cinco días que Vito se alimentaba con lo único
que quedo : Una galleta, a la cual le dio un mordisco por día,
acompañado de un trago de ron !
Luego de tantas penurias, al fin un puerto en las anheladas Islas
Canarias.
Pagina 82 y 83
Para que se tenga una idea de lo que este viaje y Vito comenzaron a
significar para los argentinos, relataremos el siguiente episodio.
Se llevo a cabo un esfuerzo realmente sin precedentes, por primera
vez en la historia de la radiofonía argentina, fue instalada una
planta transmisora en un yate, cuya misión era interceptar al
L.E.H.G. en el mar y efectuar el enlace desde a bordo.
Organizada por el diario "Critica", esta operación contaba con un
sinfín de impedimentos técnicos, cuyas soluciones se desconocían por
se esta la primer oportunidad en que se realizaba, pero se llevo a
cabo.
El equipo transmisor lo posibilito uno de los radioaficionados mas
importantes del mundo; el velero era propiedad del Sr. Pedro
Iribarne, L.R.9 Radio Fénix seria la encargada de recibir la
transmisión desde a bordo del L.E.H.G. y propalarla por todo el eter
de Sudamérica. Tal, era la expectativa que se estaba gestando un mes
antes del arribo de Vito a su patria.
Pero el hombre propone, y el mar dispone ...
La madrugada del 14 de marzo de 1932 se publicaba en caracteres
catástrofe : NAUFRAGO DUMAS, y se fue a pie a Río Grande.
Esta noticia desplazo el secuestro del bebe de Charles Lindberhg de
la primera plana de los diarios. Lo increíble había sucedido.
Casi al llegar al fin del desafió, a las 04 hs. del día 13, al
amanecer, fue despertado de su profundo sueño con un anuncio
espantoso : la quilla de su querido L.E.H.G. golpeaba en las duras
arenas de las playas de Mostardas, 75 millas al norte de Río Grande
do Sul, costa brasileña. Solo, en aquel desierto de arena y mar,
esperaba que la providencia le enviara algún sirviente.
Dios, que se hallaba navegando por esas aguas poniendo a punto el
palo de su schooner Maria Maria, le envió tres paisanos montados a
caballo que llegaron hasta el infortunado L.E.H.G. Dumas les contó su
triste aventura.
Uno de ellos se ofreció a llevarle la noticia al Capitán de Puertos
Sr. Pais Leme, quien rápidamente dispuso el envió de todos los
elementos de salvataje. Una vez efectuado este, le repararon el barco
dejándoselo en condiciones de volver a la mar.
Hermoso gesto el de esas gentes del país hermano. Vito mismo diría
después que también recibió ayuda de una empresa industrial, del
diario "Critica" y de un espíritu generoso ... Otra vez la sra.
L.E.H.G. ?
Como
demostración de su agradecimiento, Vito obsequio al Club de
Regatas de Río Grande do Sul la caña del L.E.H.G., la que aun se
encuentra allí.
Rápidamente, en Argentina se comenzó a organizar la ayuda.
Se estuvo a punto de enviarle el velero Endrick para que pudiera
finalizar su aventura, pero Vito aseguro que iba a reparar los daños
del L.E.H.G. y llegar con el a Buenos Aires.
Un giro de dinero se le ofrece, al que Vito responde :
"No quiero plata, quiero atenciones.
Ahora me mandan $2000, mañana me mandaran $5000.
Yo no quiero plata.
No soy comerciante. Soy deportista."
Pagina 83
"Con algunos amigos habíamos decidido ir a recibir a Vito nadando. No
bien llegamos al costado del L.E.H.G. nos dejamos flotar a su lado.
Comenzaron los saludos, nos estrechamos las manos, algún chiste,
etc. . No embarcamos, sino que permanecimos en el agua, así tocando
los costados de la nave.
Esto me permitió ver algo que, aun hoy, me causa escalofríos : mi
pulgar derecho penetro cómodamente en la traca de cinta del L.EH.G.
de lo podrida que estaba.
Cualquier persona que navegue, sabe perfectamente lo que esto
significa."
Pagina 85 y 86
En 1930, muerto el Art Deco y nacida la "Década infame", la Argentina
tenia un estilo típicamente rural, en que la sociedad reconocía
rígidos estratos internos, algunos crecidos prestigiosos.
A modo de gigantesca panoplia arquitectónica y humana convivían, en
la Ciudad de Buenos Aires, el desdén de los caireles de palacetes
versallescos, con amplias casas menos lujosas; fruto del esfuerzo mas
que de las herencias.
En el otro extremo de la ciudad y la escala social, los conventillos
y barrios de chapa acanalada se resignaban a una estética urbana
pintoresca, como aun se la describe entre quienes no tienen necesidad
de soportarla.
En cada clase existían los modelos, estereotipos cuyas opiniones y
conductas se imitaban.
El Yacht Club Argentina -fundado el 2 de julio de 1883 - concentraba
lo mas "bien" de la sociedad argentina, cultora de aquellas viejas
tradiciones que legara el conservadorismo histórico de Roca y
Pellegrini. Este Club se fue convirtiendo en una Institución
intocable, a la cual faltaba - omisión nada inocente ni casual - el
toque popular que encarnaban por aquel entonces la Unión Cívica
Radical, cuyo predominio político en todo el país fue indiscutible a
principio del siglo.
Como dijera Félix Luna, "...hace muchos años que nadie encuentra
buenas excusas para defender la revolución del 30".
Tal vez por precipitación, por incontinencia partidaria o simplemente
por la sensualidad del poder especialmente el económico, los
conservadores desgajaron el orden constitucional y con ello, las
enseñanzas de sus grandes fundadores. Obviando el molesto detalle de
las urnas, reinauguraron su participación en el poder durante años,
destruyendo sus perspectivas políticas a largo plazo.
En el mundillo del yatching local, lo mas granado de la aristocracia
porteña de la época y los oficiales de la Armada, en actividad o no,
hacían, entre otras instituciones exclusivas, su sede natural en el
prestigioso Yacht Club.
Allí fabularon una historia, asociándola a Dumas, que tendría su
comienzo inmediatamente después de concluido el mas importante
crucero o raid oceánico realizado por una tripulación amateur, según
lo describiera oportunamente el decano del yachting argentino, don
Hipólito Gil Elizalde.
Es el propio Potilo - así rebautizado por Teresa, su hermana mayor -
quien dice, en referencia a este hecho :
"Todo el valor del Yachting como deporte floreció en una prueba
cumplida con sencillez y sin espectacularidad.
Desde ese momento quedo trazado el rumbo de nuestro deporte,
incipiente entonces, hoy adulto y moderno.
Nada de lo que vino después se aplica sin la cita, remota hoy, de ese
triunfo de la capacidad y voluntad"
Nos referimos al raid oceánico realizado desde Cowes, Isla de Wight,
Inglaterra, a Buenos Aires, por el yate Ingrid, arribando el día 23
de agosto de 1931.
Por su arboladura, el Ingrid era un cutter de gavia aparejado
cangreja. Su casco era un doble proa de 10 metros de eslora; 3,45
metros de manga y 1,80 metros de calado. Su mastil portaba una verga
en cruz para largar una vela cuadra - la gavia - en vientos francos.
Sus líneas bálticas, inspiradas en los celebérrimos Hvaloer
escandinavos en base a los cuales Colin Archer diseño maravillas,
mostraba un pie de roda muy lanzado, con una popa llena y muy
boyante. Su diseñador fue el arquitecto naval ....
Pagina 87, y 88
... el mismísimo General Uriburu los recibe en La Rosada indicando
que la iniciativa no solo había tenido un éxito resonante, sino que
sus realizadores habían entrado de lleno a la historia grande del
yachting argentino.
El viaje concluyo luego de 147 días de travesía.
Había sido una navegación técnicamente perfecta y, lo mas importante,
se demostró que podía ser emulada por cualquier navegante deportivo
que tuviera los conocimientos y el velero adecuados.
El Ingrid paso a ser un barco admirado, junto con su tripulación.
Unos meses después, en 1932, un muchacho con mas arrojo que
experiencia marinera y conocido solo por sus andanzas como nadador,
cometería la osadía de realizar una travesía similar desde Arcachon,Francia, con un velero de regatas inadecuado para ese semejante
viaje. Este nuevo logro náutico poseía una característica que haría
palidecer el éxito del Ingrid., enmudeciendo a algunos y haciendo
estallar las gargantas de otros miles :
El viaje fue realizado en 122 días y en solitario.
Una travesía mas difícil, lograda en menor tiempo, con la cuarta
parte de la tripulación y un velero, a todas luces, de inferiores
condiciones. Era demasiado.
Quien es este intruso en el yachting ?
Quien lo conoce ? Como es posible ?
Repetidas hasta el hartazgo por todos, en el prestigioso Yacht Club y
fuera de el, estas preguntas - de incomoda digestión - tenían sin
embargo muy fáciles respuestas : Vito Dumas no era nadie en el
yachting pero a partir de ahora lo conocerían todos, dentro y fuera
del ambiente náutico.
El Yacht Club Argentino, luego de enviarle $2000 m/n. Para ayudar a
reparar el L.E.H.G. varado en Mostardas, sur de Brasil, y de destacar
a Montevideo al socio y mas famoso regatista Nicanor Salas Chaves
para recibir a un Dumas triunfador, no soslayo su hazaña y lo nombro
Socio Vitalicio.
En Dársena Norte se había dispuesto una boya para que Dumas tomase
amarra a su llegada. Una vez efectuada la maniobra, no sin cierta
dificultad debido a la gigantesca aglomeración de embarcaciones que o rodean, Vito se hace presente en el salón que a tal efecto estaba
preparado. En el mismo, el Comodoro del Club Dr. Benito Nazar
Anchorena le presento el saludo oficial de la Institución y pronuncio
un sentido discurso, harto y elocuente de la importancia que para el Yachting argentino tenia la hazaña que acababa de ser cumplida.
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Causan asombro las imágenes documentales - mudas - que muestran la
cantidad de gente a la que movilizo el acontecimiento deportivo del
arribo del L.E.H.G. aquel 13 de abril de 1932. Sin duda, la
tripulación del Ingrid no podría creer lo que veía : el recibimiento
era apoteótico.
Dumas amalgamo el interés de decenas de miles que lo fueron a
recibir. Casi nadie era del ambiente y, sin embargo, superaban
ampliamente en numero a la patria náutica de entonces.
Del Ingrid hablaban los nautas, del L.E.H.G. todos.
El Ingrid expandió los limites del yatching, el L.E.H.G. los del
hombre.
Dos barcos, dos estilos, dos llegadas, dos públicos: dos proas.
La coincidencia ? : el viaje.
Y con estas dos proas para una coincidencia, se formo el caldo de
cultivo para la única fábula náutica rioplatense.
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Según Hipólito Gil Elizalde, el mote de mufa o jetattore apareció sin
alguna duda en el Yatch Club Argentino, algunos años antes de 1940.
"...como invención de un resentido con profundas raíces psicológicas
en la envidia. La propagación del mote y el mito se cultiva
especialmente en la credulidad humana hacia el maleficio y las
fuerzas ocultas que nos pueden alcanzar.
Prueba de ello es que la difusión de la leyenda se ha extendido a
todo el ambiente náutico y que culmino hace 20 años, en plena
regresión, en la época actual, del anatema psicológico.
Como si el inventor de esta cobarde leyenda ha fallecido no puedo
decir su nombre, pero si su mala fama en el Yatch Club Argentino, y
puedo asegurar que nunca tuvo el menor vinculo con la tripulación del
Ingrid.
Utilizando ese "de capite diminutivo" la tripulación del Ingrid y sus
amigos, reaccionaron humanamente, con la sorpresa de los héroes
queridos" - concluía Potilo mientras su memoria taladraba décadas.
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Es sorprendente la concordancia de opinión que, sobre el origen del
mote de mufa, tiene con Potilo otro grande del yachting vernáculo,
como lo es el Capitán Atilio Coco Porretti.
"A raíz de las historias generadas por las desavenencias surgidas
durante el crucero del Ingrid que concluyen, por un lado con el
desembarco de Ricardo Cowpercoles en Rio, y el arribo de Dumas por el
otro; en el Yacht Club Argentino se formaron camarillas, igual que en
otros clubes. Estas tenían opiniones enfrentadas sobre la distinción
con que el club reconocía el valor de la hazaña de Vito, opiniones
que no iban mas allá de lo enteramente deportivo en jocosas
sobremesas de bufetes de clubes. De alguna de esas camarillas, y de
alguien muy afecto a poner sobrenombres nacería, con la mas inocente
de las intenciones por supuesto, el mote de "mufa" entre los
de "loco" o "loco lindo". |